Mostrando entradas con la etiqueta luciana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luciana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de febrero de 2017

Psesiones de sicoanálisis


Literal: Hay un colchón que Luciana puso y Ney sacó.

Un colchón es algo que sostiene otra cosa, o es algo que está encima de lo que se atesora.

Así, lo que se atesora se esconde, convirtiéndose en su opuesto.

(Ay, si yo misme siguiera mis consejos!)

No descartemos la parte de sostener. Descansar. Comodidad. Ese colchón que tuvo protagonismo en mi historia con Luciana, en mi historia como lesbiana. Ese colchón que sostenía mi lesbianismo como una bandera.

Ney me ayuda a liberarme de ese colchón que me pesa desde arriba y me sofoca desde abajo. Que me come, que me niega.

Nunca pensé que iba a descubrir que el dolor tiene tantas formas y colores. Y que se puede elegir. Luciana es la que trae la Luz. Ney es la que se la lleva, porque no se necesita luz para ver con los ojos del alma.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Una tarde

Es una tarde extraña, el frío tapa al sol. Me lanzo a un viaje interminable que me parece un sueño porque no estoy acá, en el viaje. Estoy en unos ojos que me separan de mi cuerpo y volando sobre la ciudad, el viaje pasa cinematográfico por mis ojos que miran lo que no ven. Y llego, como en un sueño. Bajo en un lugar imposible, como si en la esquina de mi casa apareciese el mar. El mar, el mar me espera en el borde de la ciudad, los besos que son el mar me abrazan y me envuelven, y el sueño termina o empieza, o la realidad cambia. Cierro los ojos y me zambullo en el mar de besos, en los besos de mar, y el mar se lleva el día, las esquirlas del día. Miro perezosa, me entrego al mimo del mar. Miro con los ojos cerrados mi día que se hace jirones y se va como si fuera barro, sudor, ciudad. Ya no queda nada del sueño mugriento del día, estoy desnuda y el mar insiste en besarme, los besos insisten en marearme, y la realidad se llena de luz. Y el sol tapa al frío. Una ola enorme me arrastra, me revuelca. Es una ola onírica y hermosa y me dejo llevar. Dejo que los besos se lleven las formas y los colores, los cuerpos y las cosas. Cuando abro los ojos, o despierto, o sueño, veo los ojos de ella. Y ella me mira, increíblemente me mira y es como si me mirase el sol. “Esto nunca me pasó” –pronuncio-. Y no sé de qué boca salieron las palabras.